El término ‘cruelty-free’ se ha debatido durante mucho tiempo en las industrias de la belleza, el bienestar y la cosmética. Para los consumidores, identificar productos que no han sido probados en animales en ninguna etapa de su desarrollo a menudo puede ser complejo.
A mediados de la década de 1990, la creciente concienciación sobre el bienestar animal hizo que muchos compradores buscaran activamente alternativas libres de crueldad. Sin embargo, la falta de normas coherentes y definiciones claras hizo que el término se utilizara con frecuencia de maneras confusas o engañosas. Algunas marcas afirmaban ser ‘animal-friendly’, llegando incluso a crear sus propios logotipos "libres de crueldad", pero sin verificación independiente ni respaldo de organizaciones de protección animal reconocidas.
Aquí fue donde conejito saltando se convirtió en un estándar confiable, ayudando a los consumidores a identificar productos que cumplen con los requisitos verificados de no maltrato animal.